Vitrales de la Capilla

Vista exterior de los vitrales

Desde el punto de vista arquitectónico, los vitrales permiten filtrar una luz coloreada y enriquecen de místicas sugestiones los ambientes interiores de las iglesias. Por otra parte, los vitrales tenían un fin didáctico: ofrecer a los fieles un relato a través de una serie de imágenes, en una época en que el analfabetismo era frecuente. Las primeras realizaciones importantes de vitrales datan del siglo XI. Francia se destaca por esta forma de expresión que comprende textura, color y diseño de las imágenes, y que requiere además, trabajos de herrería, horneado y, por supuesto, de la luz, que da vida a la obra. En el siglo XII los vitrales se enlazaron a la arquitectura. En Saint Chapelle de París, se produjeron piezas únicas y de dimensiones extraordinarias. Italia también conserva importantes piezas: las primeras son obras de los maestros transalpinos. En el siglo XV, se registran las intervenciones directas de pintores italianos, quienes tienden a repetir las mismas soluciones típicas de la pintura monumental.

San Pedro
 

San Pedro

Simón de Jonás, a quien Jesús llamara Pedro, fue el primero de sus 12 apóstoles. Falleció en Roma, donde fuera obispo, martirizado bajo el mandato de Nerón. Aunque no hay absoluta certeza la tradición cuenta que Pedro pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que su maestro. En este relato se centra la obra de Dinetto. El vitral mantiene una perfecta armonía tanto entre protagonistas como entre colores. San Pedro, con beatitud y un rostro tranquilo. A ambos lados, dos persoajes concentrados en poner la cruz derecha.

 
 

La Anunciación
 
 
 
La Anunciación

El Arcángel Gabriel es enviado por Dios a la Virgen María para pedirle que sea la madre de Jesús por la gracia del Espíritu Santo. Ambos son dos figuras claves y además son símbolos de extrema pureza. La anunciación es uno de los episodios más poéticos y apreciados de la religión católica. Es el momento en el cual se inicia la historia de la familia cristiana. Es también uno de los temas más queridos de Lino Dinetto. Lo ha desarrollado cientos de veces, siempre con dulzura y extraordinario cariño.

 
 

Las Bien-Aventuranzas
 
 

Las Bien-Aventuranzas

El artista menciona el Sermón de la Montaña. Aquí apuesta a la enseñanza evangélica sobre la palabra “bienaventurados”. Y bienaventurados son quienes viven y experimentan los ideales del sermón mismo, porque procediendo así, advierten la realización plena de su propia humanidad. Sobre fondo rojo, dos ángeles vuelan sosteniendo el manifiesto. Son ágiles composiciones pictóricas e iridiscentes hálitos cromáticos;  su mensaje se transforma en canto desplegado y vivaz, transposición inmediata de la felicidad interior de la que gozan los “Beati Mundo Corde” (Bienaventurados los limpios del corazón).

 
 

La Natividad
 
 

La Natividad

Madre y niño protagonizan este vitral que irradia paz, alegría y dulzura. La intensidad del manto rojo hace sobresalir a la Virgen en su posición reclinada, la paz, tranquilidad y dulzura del niño. La verticalidad de San José, el reagruparse de los animales, la horizontalidad del pesebre, relacionan sus ritmos de manera feliz. Un clima calurosamente humano, rico en inmediatez comunicacional, resalta el tema central de Dios y los hombres. En la parte superior de la obra sobrevuela un ángel con el mensaje: “Gloria a Dio e Pace in Terra”.

 
 

Cristo y la mujer Adúltera
 
 

Cristo y a mujer adúltera

Jesús defendió a la mujer adúltera y Dinetto supo plasmar el tema con sensibilidad en dos campos verticales contrapuestos y ricos en tensión. A la izquierda del vitral ubicó a los decididos a lapidarla, en acitud de arrojarle piedras. A la derecha, Jesús, más grande y fuerte que los acusadores. Con una mano detiene el gesto homicida y con la otra reprende a aquellos qie sustituyendo a Dios como juez, están por cumplir un acto incompatible con el amor del Padre.  Una magnifica figura que transmite miedo sufrimieno, devoción y subyugamiento de la humanidad ante la libertad ofrecida por Jesucristo.

 
 

Jesus calma la tormenta
 
 

Jesus calma la tormenta

“Increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma”. Este vitral cuenta cuando Jesús deseaba ir a la otra orilla, al encuentro de los paganos para fortalecer la fe de sus discípulos. En el cruce del lago se desató una enorme tormenta. En la barca los discípulos, con rostro de pavor, miraron a Jesucristo que, tranquilo y con la mano alzada, increpó al viento y al mar y sobrevino la calma. El movimiento del calor y la luz reproducen este milagro. El torbellino áureo es una obra magistral del maestro Dinetto.

 
 

Lázaro
 
 

Lázaro

Una fuerte amistad unía a Cristo con Lázaro y sus hermanas, Marta y María. Al conocer la enfermedad de Lázaro, le envían mensajes a Jesús, pero cuando él acude, su amigo ya había fallecido. En el medio del vitral un azul muy suave, que genera una luminosidad muy especial, separa a las dos figuras. Es en este momento que Jesucristo ordena “levántate y anda”, manifestando la gloria de Dios. A la izquierda Lázaro se eleva y sus vendas se van desenroscando levemente hacia su resurrección. El vitral irradia amistad, amor y el milagro de la resurrección.

 
 

Crucifixión
 
 

Crucifixión

Una representación clásica y majestuosa. María y San Pedro a la izquierda y María Magdalena llorando a los pies de Jesucristo. Las figuras centrales están perfectamente balanceadas. Cristo crucificado irradia luz y lo lienzos blancos crean, como en todas las obras de Lino Dinetto, un balance perfecto. En contraposición a los otros vitrales, hay mayor  preponderancia de violeta y la paleta es de menor intensidad, como corresponde al momento de la muerte de Jesucristo en la Cruz. La inscripción INRI juega también su rol en la composición general y una centralidad superior a la obra.

 
 

Pentecostés
 
 

Pentecostés

Un magnífico y atípico Pentecostés. En general,  el Espíritu Santo es representado por una paloma, pero Dinetto lo representa con un rectángulo azul. El resto del vitral se resolvió en una magistral centralidad de los apóstoles rodeando a María. Es interesante notar el balance de las figuras. Por su parte, las lenguas de fuego simbolizan la energía transformada de los actos de Espíritu. La palabra pentecostés significa el día quincuagésimo. Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés son una unidad.

 
 

San Pablo
 
 

San Pablo

Saulo de Tarso fue un perseguidor de los cristianos. Solicitó ir a las sinagogas de Damasco a capturar cristianos. En el trayecto a esa ciudad, él y sus sirvientes  fueron sorprendidos por una tormenta y una voz muy fuerte les habló desde el cielo. Sus servidores se dispersaron atemorizados y el caballo Saulo lo tiró al suelo. De regreso a Jerusalén, Saulo se convirtió en San Pablo, uno de los más importantes discípulos de Jesús. Este vitral, junto al de San Pedro, es uno de los de mayor fuerza de los 13 que realizo para la Iglesia San José del Manga.

 
 

La reserrección
 
 

La resurrección

Según San Mateo, Jesucristo les anunció a sus discípulos su resurrección y prefiguró este gran signo en la resurrección de Lázaro. Este no fue un evento más en la historia, sino el que manifestará la intervención del Catolicismo en la humanidad. Esta magnífica obra expresa lo esencial del acontecimiento y el milagro. En la base del vitral un soldado romano duerme. En la parte superior, aparece una magnifica imagen de Dios y del Espíritu Santo. Al centro, un Cristo muy característico de Dinetto se eleva y resucita entre los muertos.

 
 
 
 
 
 
La Sagrada Familia
 
 
 
La Sagrada Familia

El Rosetón que junto a los vitrales de San Pedro y San Pablo generan el frontón a lo largo del eje central de la iglesia, representa a la Sagrada Familia. Aquí Dios nos pone un modelo a imitar: el modelo de la familia cristiana. No es un modelo por la cantidad de integrantes, sino por la manera de actuar de cada uno de ellos desde el rol que le corresponde. Este vitral circular es otra obra de arte. Predomina aquí el rojo y también el azul en la vesimenta de San José, el rostro maternal y de beatitud de la Virgen y alegría, seguridad y paz en el rostro del niño Jesús.